Doña Martina en la cocina
se quiso lucir un día,
pa’l baile de la capilla
con postre pa’ la alcaldía.
Hizo un dulce de boniato
con azúcar y canela,
y revolvía la olla
silbando una chamarrita vieja.
Decía muy orgullosa:
“¡Esto va salir famoso,
más rico que los pastelitos
del boliche de Cardozo!”
Pero dejó mucho rato
la mezcla sobre el fogón,
y aquello quedó más duro
que rueda de carretón.
Cuando enfrió aquel menjunje
ni el cuchillo entraba bien,
lo golpeaban con la cuchara
y sonaba: “¡clan clan clén!”
Don Gaudencio lo miraba
con respeto y con temor:
“Eso no es dulce, Martina…
¡eso es material pa’l galpón!”
Llevó un plato hasta la fiesta
muy envuelto en un mantel,
y al servirlo en las mesas
nadie lo podía morder.
Un paisano medio bruto
quiso hacerse el sobrador,
y perdió dos dientes flojos
por hacerse el probador.
Hasta el cura en la kermese
lo quiso bendecir,
pero el dulce rebotaba
cuando le iba a repartir.
Y un gurí muy atrevido
lo usó pa’ jugar al sapo,
porque el pedazo de dulce
caía firme como un cascote guapo.
Doña Martina enojada
juró no cocinar más,
pero al otro domingo mismo
ya estaba amasando pan.
Y aquel dulce de boniato
quedó en la historia del pago:
con un pedazo arreglaron
la pata floja del carro.
Musikstil
guitarra, milonga, comica
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